| Cristóbal Medina
Chamorro |
| .Antonio J. Bravo Cerro |
| .José Daniel Escobedo
Molinos |
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HOSPITAL UNIVERSITARIO CIUDAD
DE JAEN
SERVICIO DE CIRUGÍA TORACICA |
Se define como la entrada
de aire en la cavidad pleural que pasa de ser virtual
a real, provocando el consiguiente colapso pulmonar.
La pérdida de volumen pulmonar lleva a una pérdida
de capacidad ventilatoria. Descrito por Tirad en 1803
fue Laennec en 1818 el que sienta las bases clínicas
y semiológicas para su diagnóstico.
| Etiopatogenia
y Clasificación |
Siendo las causas múltiples
se ha denominado de diferentes formas. Un intento de
clasificación sería:
Neumotórax iatrogénico:
tras toracocentesis, cateterización subclavia,
biopsia pleural o transtorácica, etc.
Neumotórax traumático: Traumatismo torácico
cerrado o abierto.
Neumotórax por barotrauma: en ventilación
mecánica.
Neumotórax diagnóstico y terapéutico.
Neumotórax espontaneo: primario o secundario.
El neumotórax
diagnóstico se empleó antiguamente como
medio de descubrir una tumoración o el comportamiento
de lesiones pulmonares. El terapéutico procuraba
el colapso de la caverna tuberculosa.
El neumotórax espontaneo primario o juvenil tiene
la causa mas frecuente en la rotura de blebs o bullas
de predominio apical. Se sugiere que la causa de estas
lesiones es por isquemia relativa en los vértices
pulmonares por la discordancia de crecimiento del pulmón
y de sus vasos. Sin embargo West sugiere un mayor estrés
mecánico del vértice por la bipedestación
y el propio peso del pulmón lo que formaría
los blebs subcorticales de la pleura visceral que al
romperse producen la entrada de aire en el espacio pleural.
La frecuencia del neumotórax espontaneo sufre
un aumento en los últimos años, no solo
por la mejora en el diagnóstico sino por aumento
objetivo y real de su presentación. Es más
frecuente en hombres que en mujeres en una proporción
variable según autores entre 3/1 a 9/1. Se da
mas frecuentemente entre la segunda y cuarta década
de la vida.
El neumotórax
secundario es el que acompaña a diversas situaciones
patológicas con afectación pulmonar, es
decir en las enfermedades distróficas pulmonares
y por tanto se produce un aumento en las últimas
décadas.
Este se da pues en:
EPOC, asma, fibrosis pulmonares avanzadas, enfermedades
del colágeno como síndrome de Marfán
y el de Ehlers-Danlos, neumotórax catamenial,
neumonías necrotizantes, histiocitosis X, tuberculosis,
absceso pulmonar, cáncer pulmonar, neumonías
por Pneumocystis carinii y en otras situaciones.
El neumotórax
simple afecta a la hematosis al principio por aumento
de la presión pleural con colapso pulmonar y
disminución de la ventilación con perfusión
mantenida y shunt derecha izquierda que hace disminuir
la pO2 y subir la pCO2. Esto aumenta las resistencias
pulmonares por vasoconstricción refleja que lleva
a disminución de la perfusión y restablecimiento
del índice ventilación-perfusión
(con ambos disminuidos) y por ello aumento de la pO2
y descenso de la pCO2 con normalización de la
hematosis.
En el neumotórax espontáneo se produce
bamboleo mediastínico por diferencias de presión
en la inspiración y espiración. En el
neumotórax a tensión se producen síntomas
graves de insuficiencia cardiorrespiratoria por incoordinación
diafragmática, desplazamiento mediastínico
y rotación cardiaca entre otros fenómenos.
El sustrato anatomopatológico
del neumotórax espontáneo es siempre la
misma lesión, los blebs o bullas. Aunque los
autores anglosajones utilizan indistintamente un término
u otro la diferenciación anatómica es
clara ya que las primeras se deben a rotura de alvéolos
corticales y de la lámina interna de la pleura
visceral quedando la colección aérea limitada
solo por la limitante externa que está formada
únicamente por una capa de células endoteliales
pleurales. La bulla (ver fig. 4) requiere la rotura
de alvéolos y de tabiques interalveolares dando
lugar a cavidades intraparenquimatosas que no tienen
paredes propias
aunque emergen a la cortical pulmonar.
Las lesiones de los
neumotórax de los jóvenes suelen ser lesiones
del primer tipo, o bullosas apicales recubiertas de
pleura, extraparenquimatosas ya que el pulmón
subyacente suele estar intacto. La presencia simultanea
de ambos tipos de lesiones no es rara en el mismo paciente.
Se pueden presentar siendo únicas o múltiples
formando un conglomerado de várias. Puede tener
una base amplia ( ver fig. 2) o bien ser pediculada
( ver fig 1).
Un segundo tipo de bullas
son las paracicatrizales en zonas de retracción
y fibrosis. En el enfisema difuso se dan bullas intraparenquimatosas
que afectan generalmente a un lóbulo (ver fig.
5) o al parenquima entero. La bulla gigante de enfisema
(ver figs. 3 y 4) por su gran tamaño puede remedar
la imagen radiográfica de un neumotórax.
La sintomatología
depende del grado del neumotórax y de la patología
pulmonar subyacente, enfermedades previas, y por tanto
de la reserva funcional. Suelen iniciarse con dolor
torácico y disnea en el 80%-90% de los casos.
El dolor es unilateral, agudo y de tipo pleurítico.
La disnea puede ser intensa o no aparecer. Otros síntomas
que pueden acompañar al neumotórax son
hemoptisis, tos seca, chapoteos o ruidos extraños.
El neumotórax espontáneo del joven suele
acompañarse de manifestaciones vegetativas (sudoración,
taquicardia, palidez).
En la exploración
física se detecta disminución o abolición
del m.v. en el lado afecto. Este signo es variable y
depende del grado de neumotórax y de la patología
subyacente. La percusión es timpánica
lo que se nota por comparación de ambos hemitórax
y además existe ausencia de vibraciones vocales.
Los tres signos constituyen la triada de Galliard. A
la inspección a veces se
observa asimetría a la respiración por
falta de motilidad del hemitórax afecto.
En el ECG se puede objetivar
desviación del eje a la derecha en los neumotórax
izquierdos, disminución del voltaje de la onda
R, disminución de la amplitud del complejo QRS
e inversión de la onda T.
La historia clínica
y una exploración cuidadosa conducen a un diagnóstico
de sospecha en la mayoría de los casos. La realización
de una radiografía de tórax da el diagnóstico
de certeza al visualizar la línea pleural visceral
separada de la pared. La expiración forzada en
los casos dudosos pone de manifiesto el neumotórax.
Se pueden identificar pequeñas bullas apicales.
En el neumotórax a tensión se observa
un desplazamiento del mediastino contralateral, aplanamiento
de diafragma junto con el colapso pulmonar. No es extraña
la presencia de mayor o menos cantidad de líquido
pleural detectable por un nivel hidroaereo.
Es importante hacer
el diagnóstico diferencial con la bulla gigante,
quiste broncogénito, hernia diafragmática,
enfisema lobar congénito, etc. Por la sintomatología
el neumotórax puede remedar otros procesos como
asma, tromboembolismo pulmonar, cardiopatía isquémica,
pericarditis, etc.
El neumotórax
puede complicarse provocando situaciones que si bien
no son frecuentes si pueden empeorar la situación
del paciente. Así tenemos el neumotórax
hipertensivo que, por mecanismo valvular de entrada
de aire a la cavidad pleural con la inspiración,
lleva al colapso pulmonar con desviación mediastínica
y desplazamiento cardiaco lo que produce disminución
del retorno venoso a aurícula derecha y disminución
del gasto cardiaco. Se produce disnea severa, cianosis,
taquipnea, hipotensión e ingurgitación
de las venas del cuello. Es necesario un drenaje torácico
inmediato.
Una presentación
especialmente grave es el neumotórax bilateral
simultaneo. El neumomediastino y enfisema subcutáneo
se produce en el 1% de los neumotórax. Situaciones
como el hemoneumotórax se producen generalmente
por roturas de adherencias y suelen ser de escasa cuantía
si bien tenemos registrado algún caso de hemotórax
masivo por rotura de una adherencia apical en pacientes
jóvenes.
El tratamiento del neumotórax
persigue el doble objetivo de conseguir la reexpansión
pulmonar evacuando el aire y evitar la recidiva. Esta
situación de neumotórax recidivado se
presenta en el 30%-50% de los casos según los
distintos autores. No hay un protocolo de actuación
común para los distintos servicios pero sí
unas líneas generalmente aceptadas por la generalidad
de los grupos.
Ante la presencia de un neumotórax, por pequeño
que sea, la actitud debe ser drenarlo para evitar prolongar
en el tiempo la curación ya que el reposo no
constituye una medida terapéutica, por sí
sola, en nuestro grupo. Hemos visto un buen número
de neumotórax calificados como de menos de un
20% al hacerse una radiografía en inspiración
y espiración hacerse completos y por otro lado
jóvenes con neumotórax que han guardado
reposo más de 10 días manteniendo imágenes
radiológicas similares o con neumotórax
mayor. Por tanto la indicación es de drenaje
torácico bien con tubo de pequeño calibre
o mayor como primer paso al tratamiento definitivo que
debe ser la cirugía bien convencional o la videotoracoscopia
(CVT), con anestesia general e intubación selectiva,
que es de elección actualmente sobre todo en
los casos de neumotórax recidivante o cuando
se ha demostrado en radiografía la lesión
causante, blebs o bullas. En presencia de lesiones que
han provocado el neumotórax como quiste hidatídico
o carcinoma broncopulmonar susceptibles de tratamiento
quirúrgico la indicación es clara. La
fuga aérea persistente de más de tres
o cuatro días o el colapso mantenido a pesar
del drenaje es asimismo indicación quirúrgica.
El tratamiento quirúrgico
persigue la resección y sutura de bullas o blebs,
la abrasión pleural o pleurectomía y la
colocación de drenajes torácicos que permiten
la reexpansión pulmonar completa y definitiva
en la gran mayoría de los casos. La pleurodesis
con talco o tetraciclinas la reservamos para neumotórax
de personas mayores con patología pulmonar subyacente
importante.
En nuestro grupo el método de elección
es la VTC con intubación orotraqueal selectiva
bajo anestesia general procediéndose con tres
vías de entrada a través de trócares
torácicos de 5 mm. y 10-12 mm.
Se termina tras la sutura y resección de lesiones
con la abrasión pleural y la colocación
de dos drenajes torácicos. Este método
acorta la estancia hospitalaria, permite un postoperatorio
más confortable al paciente y tiene una baja
morbilidad siendo la mortalidad prácticamente
nula en las distintas series.
La pleurodesis con talco o tetraciclinas tienen su indicación,
aparte del derrame pleural maligno, en los neumotórax
de pacientes con EPOC o que no pueden realizarse una
toracotomía.
Bibliografía:
- Manual de Neumología
y Cirugía Torácica. SEPAR. 1998
- Neumotórax espontaneo. J. Loscertales Abril.
Elba S.A. 1988
- Radiología Torácica. Felson . Editorial
Científico Médica 1977
- La Toracoscopia. F. Sebastian Quetglas y clbs. Jarpyo
editores 1985
- Gimferrer Garolera JM y clbs. Tratamiento del Neumotórax
espontáneo mediante drenajes de pequeño
calibre. Arch Bronconeumol 1990: 26: 144.
- Normativas SEPAR. Grupo de trabajo de la SEPAR. Normativo
sobre diagnóstico y tratamiento del neumotórax.
Arch Bronconeumol. Edición antológica.
V 34. S3. 1998. |